domingo, 14 de diciembre de 2014

UN GRAN RESERVA

EL FALERNO

Statim allatae sunt amphorae vitreae diligenter gypsatae, quarum in cervicibus pittacia erant afixxa cum hoc titulo: "Falernum Opianum annorum cantum"

Al momento trajeron unos frascos de cristal lacrados al detalle, del cuello de cada uno colgaba una etiqueta con esta inscripción:
FALERNO OPIANO DE CIEN AÑOS
Saty.34


Muchos se han bebido un calimocho con Conquistador Don Rodrigo, Cumbre de Gredos o, en el mejor de los casos, Fuenteviña, que nos han alegrado buenos momentos; pero, como decía Brassens -con toda la razón-: el mejor vino no es necesariamente el más caro, sino el que se comparte. 

Los romanos sabían de vino y, los que se lo podían permitir, sabían mucho del vino bueno y caro. En el mundo hay grandes denominaciones de origen y grandes bodegas que producen los caldos más cotizados; pues bueno, no hemos cambiado nada. Los romanos en un primer momento apreciaban el vino griego, así como otros productos griegos, por encima de sus vinos hasta que en el año 121 a.C se produjo la cosecha vinícola más famosa de la toda la Antigüedad, tan famosa que, se dice, se bebieron botellas incluso doscientos años después (reducidos a una miel áspera como decía Plinio): la cosecha opimia (he de aclarar que, a diferencia de nosotros que indicamos el año numéricamente, los romanos lo hacía, entre otras maneras, indicando quienes habían sido los cónsules en ese año, en el 121 a.C fue cónsul Lucio Opimio y de ahí opimiana).

Aquí pretendo hablaros de manera sucinta del más famoso vino romano: el falerno. La uva de este famoso vino se producía en las laderas del monte Falerno (hoy monte Massico) en Campania. Fue el vino más literario de la Antigüedad (uno de mis pasajes favoritos es la cena de Trimalción en la obra de Petronio), muchos autores lo nombran en sus obras. Era un vino blanco de alta graduación, como indica Plinio el Viejo era el único entre los vinos que prendía la llama (Naturales Historia XIV,6,64 solo vinorum flamma accenditur), y el más cotizado era el faustiniano (llamado así por el propietario de las tierras de cultivo: Faustino, hijo de Sila). En una pared de Pompeya apareció una lista de precios del vino que refleja que se podía beber vino por un as, pero el falerno costaba cuatro ases.

Recomiendo para los interesado la lectura del libro XIV de la Historia Natural de Plinio y el Satiricón de Petronio, con este último disfrutarán, se lo aseguro.

Dirán que la ginebra conservó a la Reina Madre de Inglaterra, pero no es la primera mujer conservada por el alcohol, ya Livia Drusila llegó a los ochenta y seis años (de los de aquella época) bebiendo sólo vino Pucino. Si quieren ser longevos tomen nota.